La promesa de que la tecnología será la “bala de plata” para resolver la crisis de los cuidados en la vejez está bajo escrutinio. Un análisis crítico publicado en la prestigiosa revista académica Ageing & Society por el investigador Andrew Eccles, titulado “Remote care technologies, older people and the social care crisis in the United Kingdom”, desafía la narrativa oficial. El estudio revela que las tecnologías de cuidado remoto —sensores, monitores y teleasistencia— a menudo son sobrevaloradas por los gobiernos como una solución mágica para el envejecimiento poblacional, ignorando las complejidades humanas del cuidado.
Frente a la escasez crónica de cuidadores y la presión sobre el sistema de salud (NHS), las autoridades del Reino Unido han apostado agresivamente por la digitalización. La premisa es atractiva: utilizar sensores de movimiento, alertas de caídas y monitoreo de constantes vitales para permitir que las personas mayores envejezcan en casa (aging in place) con autonomía.
Sin embargo, Eccles advierte que la evidencia científica no respalda plenamente este optimismo tecnológico.
“La teleasistencia ha sido presentada como la gran solución técnica, pero existe el riesgo real de que se utilice como un sustituto barato de políticas públicas integrales de cuidado humano”, señala la investigación.

El análisis de programas piloto implementados durante la última década en Gran Bretaña arroja conclusiones mixtas. Si bien la tecnología aporta una capa de seguridad objetiva, su implementación enfrenta barreras críticas:
Organizaciones líderes como Age UK y el Centre for Ageing Better coinciden con los hallazgos de Eccles: la tecnología debe ser un complemento (add-on), nunca un sustituto. Un sensor puede detectar una caída, pero no puede ofrecer consuelo, conversación ni empatía, elementos insustituibles del “cuidado cálido”.
El desafío actual, agravado por el “apagón analógico” de las redes telefónicas en Reino Unido previsto para 2025, es asegurar que la transición a sistemas digitales no deje atrás a los más vulnerables.
Este debate ocurre en un escenario de inversión masiva. Se estima que el mercado global de la silver economy —la economía impulsada por las necesidades de los mayores de 50 años— alcanzará los 15 billones de dólares para 2030.
Reino Unido lidera la inversión en AgeTech (tecnología para la edad), desde viviendas sensorizadas hasta Inteligencia Artificial predictiva. No obstante, el estudio de Eccles invita a inversores y familias a ser cautelosos: comprar el dispositivo más caro no garantiza mejor cuidado si no hay una estrategia humana detrás.
Si estás considerando incorporar tecnología de asistencia para un familiar mayor, el informe sugiere evaluar los siguientes puntos:
El estudio concluye con una reflexión vital: el cuidado remoto es una herramienta poderosa si se aplica con ética y personalización. La verdadera innovación en la Silver Economy no está en el sensor más avanzado, sino en modelos híbridos que usen la eficiencia digital para liberar tiempo humano, permitiendo que los cuidadores se dediquen a lo que las máquinas no pueden hacer: acompañar, escuchar y cuidar.