Al contratar un seguro, muchas personas piensan que omitir una enfermedad “no es tan grave” o que incluso puede ayudarles a pagar menos. Sin embargo, en México no declarar una condición médica puede convertirse en el peor error: la aseguradora tiene derecho a cancelar la póliza, negar un reembolso o dejar sin cobertura precisamente cuando más lo necesitas.
En este artículo encontrarás una guía práctica y directa sobre qué riesgos enfrentas, qué dice la ley en México y cómo protegerte para que tu seguro realmente cumpla cuando lo necesites.

Si omitiste declarar una enfermedad al contratar un seguro, esto puede llevar a que la aseguradora niegue el pago, rescinda la póliza o excluya esa enfermedad. Pero todo depende del contrato, de pruebas (tu historial médico) y de plazos legales.
Las consecuencias más comunes al no declarar una enfermedad al seguro son:
Preexistencia = una enfermedad, diagnóstico o tratamiento que existía antes de contratar la póliza o antes de que termine el periodo de espera. No declarar significa responder falso/omitir información médica en el cuestionario o solicitud. Esto afecta la apreciación del riesgo por la aseguradora.
Ejemplos comunes en adultos mayores:
Por ejemplo: Don José, de 67 años, al contratar su seguro privado omitió decir que es hipertenso. A los 6 meses sufre un infarto y va al hospital privado. La aseguradora pide su historial clínico del IMSS, descubre que llevaba años tomando enalapril, y decide no pagar la hospitalización porque considera que fue consecuencia de una enfermedad preexistente no declarada.
La Ley sobre el Contrato de Seguro en México es muy clara: al firmar la solicitud, el asegurado se compromete a declarar todos los hechos importantes para que la aseguradora pueda valorar el riesgo.
Esto no significa que debas dar detalles médicos técnicos, sino ser honesto y completo al responder el cuestionario.
Antes de contratar un seguro, pide a tu médico de cabecera o familiar que te ayude a hacer una lista de todos tus diagnósticos, cirugías y medicamentos actuales. Así tendrás todo claro para contestar el cuestionario sin miedo a omitir nada.
Si una aseguradora descubre que ocultaste una enfermedad, puede:
Doña Carmen no declaró que tenía diabetes. Cuando pidió un reembolso por complicaciones renales, la aseguradora le negó el pago porque estaba directamente ligado a la enfermedad no declarada.
En la práctica, la mayoría de pólizas tienen un “periodo disputable” de 2 años. Esto significa que durante ese tiempo, la aseguradora puede revisar y cancelar por omisiones. Pasado ese periodo, la póliza suele volverse “incontestable” (aunque hay excepciones si hubo dolo evidente).
Cuando contrates un seguro, anota en tu calendario la fecha de inicio y el plazo de 2 años. Después de ese tiempo, si has sido honesto, tendrás una protección más sólida.
Si sufres un accidente o enfermedad y la aseguradora detecta que no declaraste algo:
Por ejemplo:
Don Manuel no declaró que tenía gastritis crónica. Un año después sufrió una fractura de fémur por una caída. Como no tiene relación con la gastritis, la aseguradora sí cubrió el accidente.
Sí, es posible contratar. Opciones comunes que verás en el mercado:
Cada compañía maneja las preexistencias distinto; conviene comparar y preguntar expresamente.
No. Estas instituciones no dependen de cuestionarios médicos. Este tema aplica solo a seguros privados.
No. Generalmente se quedan con la prima del año en curso.
No. A la larga es peor: puedes quedarte sin cobertura justo cuando la necesites.
El error más común al contratar un seguro es pensar: “si no digo nada, pago menos”. La realidad es que ese silencio puede costar mucho más caro: la pérdida total de tu cobertura.
Para un adulto mayor en México, la salud es lo más valioso. Por eso, lo mejor es ser transparente, pedir que te expliquen las exclusiones y tener todos tus documentos en regla. Así, cuando llegue el momento de usar tu seguro, tendrás la tranquilidad de que responderá como debe.