A medida que envejecemos, el entorno que antes nos parecía seguro comienza a presentar desafíos inesperados. Un escalón mal calculado o una alfombra mal colocada pueden convertirse en factores de riesgo críticos. Entender por qué las caídas se incrementan con la edad es fundamental no solo para los adultos mayores, sino también para sus familias y cuidadores, ya que estos eventos son la principal causa de lesiones accidentales en la tercera edad.
Según datos de instituciones de salud globales, aproximadamente el 30% de los adultos mayores de 65 años sufre al menos una caída al año. Esta cifra se eleva drásticamente al 50% en personas que superan los 80 años. No se trata simplemente de “mala suerte”, sino de una combinación de factores fisiológicos, patológicos y ambientales que convergen con el paso del tiempo.
El proceso de envejecimiento conlleva alteraciones intrínsecas que afectan directamente el equilibrio y la estabilidad. La marcha, ese acto que realizamos de forma automática durante décadas, se vuelve más lenta y menos coordinada. Estos son los cambios principales:
Es vital comprender estos cambios fisiológicos en el adulto mayor para implementar estrategias de prevención adecuadas antes de que ocurra un percidente.
Investigaciones recientes, como las realizadas por la Dra. Molly Jarmen, han arrojado luz sobre una conexión que a menudo pasamos por alto: la salud mental y el equilibrio. El deterioro cognitivo y enfermedades como la demencia afectan la capacidad del cerebro para procesar información espacial y coordinar movimientos complejos.
Cuando una persona mayor comienza a caerse con frecuencia sin una causa física evidente, esto puede ser una señal de alerta temprana para realizar pruebas cognitivas. La falta de atención o la dificultad para realizar “doble tarea” (como caminar y hablar al mismo tiempo) incrementan notablemente el riesgo. En estos casos, contar con cuidadores de adultos mayores capacitados puede marcar la diferencia entre una vejez segura y una marcada por las hospitalizaciones.
Gran parte de las caídas ocurren dentro de casa. El hogar, que debería ser un refugio, a menudo está lleno de “trampas” para alguien con movilidad reducida. Para mitigar estos riesgos, es necesario adaptar el entorno siguiendo las recomendaciones del Instituto Nacional de las Personas Adultas Mayores (INAPAM) en México.
| Área | Acción Preventiva |
| Baño | Instalar barras de apoyo y usar tapetes antideslizantes dentro y fuera de la ducha. |
| Pasillos | Mantenerlos libres de cables, juguetes o muebles pequeños que obstruyan el paso. |
| Iluminación | Colocar luces nocturnas en el trayecto de la recámara al baño. |
| Calzado | Utilizar zapatos cerrados, con suela de goma y que brinden soporte al tobillo. |
Para quienes ya presentan dificultades severas de movilidad, el uso de ayudas técnicas es imprescindible. Por ejemplo, una andadera para adultos correctamente ajustada a la altura del usuario puede devolver la confianza y autonomía necesarias para desplazarse sin miedo.
Otro motivo por el cual por qué las caídas se incrementan con la edad es la polifarmacia. Muchos adultos mayores consumen múltiples medicamentos para la hipertensión, la diabetes o el insomnio. Algunos efectos secundarios comunes incluyen:
Es fundamental revisar periódicamente las recetas médicas con un profesional para ajustar dosis que puedan estar comprometiendo el equilibrio del paciente.
El autocuidado es la herramienta más poderosa para un envejecimiento exitoso. Mantenerse activo no solo mejora el ánimo, sino que fortalece el sistema músculo-esquelético. Actividades como el Tai Chi, el yoga o simplemente caminatas diarias ayudan a mantener la propiocepción (la capacidad del cuerpo para saber dónde está en el espacio).
Además, la nutrición juega un papel clave. El consumo adecuado de calcio y vitamina D es esencial para combatir la fragilidad ósea. Si quieres profundizar en este tema, puedes consultar la Guía de Autocuidado del Gobierno de México para obtener consejos prácticos avalados por especialistas en geriatría.
Si ocurre una caída, lo primero es mantener la calma. No se debe intentar levantar a la persona de inmediato sin antes verificar si hay dolor intenso, deformidades o pérdida del conocimiento. Una caída puede ser un evento traumático que genere el “síndrome poscaída”, donde el miedo a volver a caerse hace que la persona deje de caminar, acelerando su deterioro físico.
Entender por qué las caídas se incrementan con la edad nos permite pasar de la preocupación a la acción. No debemos aceptar los accidentes como una parte inevitable del envejecimiento. Con adaptaciones sencillas en el hogar, una revisión médica constante y el fomento de la actividad física, es posible reducir significativamente los riesgos.
La prevención de caídas no solo protege la integridad física, sino que preserva la autonomía y la dignidad de nuestros adultos mayores. Al invertir en seguridad y autocuidado, estamos asegurando una mejor calidad de vida para quienes nos han cuidado durante años, permitiéndoles disfrutar de una vejez plena, activa y, sobre todo, segura.
¿TIENES PREGUNTAS?