Fecha: Marzo 2026
Categoría: Salud
¿De qué trata? El cerebro de las personas mayores tiende a priorizar los recuerdos alegres sobre los negativos, un fenómeno psicológico que impacta directamente en su salud.
El cerebro humano atraviesa transformaciones fascinantes con el paso de las décadas, y una de las más alentadoras es el llamado efecto de positividad adultos mayores. Don Alberto, un jubilado de 72 años que vive en la colonia Del Valle, nota que ahora olvida rápidamente los disgustos del tráfico en la CDMX, pero recuerda con nitidez el sabor del café que compartió con sus nietos el domingo. Este fenómeno no es casualidad ni falta de atención, sino una estrategia cognitiva sofisticada que prioriza el bienestar emocional sobre los conflictos innecesarios.
El concepto fue articulado inicialmente por investigadoras como Mather y Carstensen en su estudio “The Theory Behind the Age-Related Positivity Effect” (2005), donde se detalla que las personas mayores atienden y recuerdan más información positiva que negativa. A diferencia de los jóvenes, que suelen estar más alerta ante amenazas o estímulos críticos para el aprendizaje, quienes superan los 60 años activan mecanismos de control cognitivo para filtrar lo que les causa malestar. Esto se vincula directamente con la Teoría de la Selectividad Socioemocional (SST), la cual postula que, al percibir un horizonte temporal más corto, las metas de gratificación emocional inmediata se vuelven prioritarias.
En México, este ajuste en la jerarquía de metas se observa en cómo los adultos mayores buscan fortalecer sus redes de apoyo cercanas. Para comprender mejor este proceso, es fundamental conocer las etapas de la vejez y cómo los cambios fisiológicos influyen en la percepción del entorno. No se trata de un deterioro, sino de un refinamiento de la atención que favorece la regulación del ánimo.
Las investigaciones mediante neuroimagen muestran que, ante estímulos negativos, los adultos mayores presentan una mayor actividad en regiones de la corteza prefrontal, encargadas del control, mientras que la activación de la amígdala —centro del procesamiento emocional— es menor comparada con la de los jóvenes ante los mismos estímulos negativos. Sin embargo, ante imágenes alegres, la respuesta se mantiene vibrante. Esto sugiere que el cerebro realiza un esfuerzo consciente, aunque automático con el tiempo, para “bajar el volumen” a lo desagradable.
Esta tendencia a enfocarse en lo bueno tiene repercusiones prácticas en la vida diaria, especialmente al elegir servicios o productos. Al evaluar opciones de cuidado o salud, es probable que una persona mayor se sienta más atraída por los beneficios y experiencias satisfactorias que por las advertencias de riesgo. Por ello, contar con un seguro médico para adultos mayores que ofrezca claridad y un enfoque preventivo es vital para mantener esa tranquilidad mental.
Existen situaciones específicas donde este efecto se manifiesta con claridad:
Es importante mencionar que este sesgo no es ciego. Cuando se trata de situaciones de alto riesgo o amenazas reales, el cerebro del adulto mayor es capaz de suspender este filtro para actuar de manera adaptativa. Según el informe “The Theory Behind the Age-Related Positivity Effect” (Reed & Carstensen, 2012), los mayores de 65 años identifican rostros amenazantes con la misma rapidez que los jóvenes, lo que demuestra que la supervivencia sigue siendo una prioridad absoluta.
El efecto de positividad adultos mayores florece mejor cuando existen recursos cognitivos suficientes. Esto significa que mantener una buena salud física y mental es el combustible necesario para que este “filtro de felicidad” funcione correctamente. El uso de herramientas de apoyo, como un aparato auditivo, no solo mejora la comunicación, sino que reduce la carga cognitiva, permitiendo que el cerebro tenga más energía para procesar emociones positivas y mantener la autonomía.
Para fomentar este estado mental en el hogar, se recomienda integrar actividades que desafíen la mente sin generar frustración. El acceso a programas oficiales, como los que ofrece la Secretaría de Bienestar, proporciona una red de seguridad que permite al individuo enfocarse en su desarrollo personal. La estabilidad financiera y el acceso a servicios básicos son pilares que sostienen la capacidad del cerebro para elegir la alegría sobre la preocupación crónica.
Finalmente, este fenómeno explica por qué muchas personas encuentran en esta etapa una paz que les fue esquiva en la juventud. No es que los problemas desaparezcan, sino que la lente con la que se miran ha cambiado. Fomentar este enfoque mediante la convivencia familiar, el ejercicio moderado y el seguimiento médico adecuado garantiza que la madurez sea vivida con plenitud. Si deseas apoyar a un familiar en este proceso, comienza por validar sus emociones y facilitar herramientas que simplifiquen su vida cotidiana, asegurando que su atención se mantenga en lo que realmente importa: los momentos de conexión y bienestar presente.
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