Fecha: Enero 2026
Categoría: Salud
¿De qué trata? Un innovador estudio en Brasil investiga el genoma de personas mayores de 110 años para descubrir cómo su genética les protege de enfermedades y ralentiza el envejecimiento.
Vivir más de un siglo es un logro que pocos alcanzan, pero superar la barrera de los 110 años es un fenómeno biológico que desafía muchas de las reglas conocidas del envejecimiento. La religiosa católica Inah Canabarro Lucas, quien alcanzó la extraordinaria edad de 116 años antes de su fallecimiento en 2025, no solo fue un ejemplo de fe y constancia, sino también una pieza clave para la ciencia moderna.
Su longevidad, junto con la de otros brasileños excepcionales, es el corazón de una investigación pionera liderada por la Universidad de São Paulo (USP). Este estudio busca responder una pregunta que la humanidad se ha hecho por milenios: ¿Qué tienen en su sangre estas personas para resistir el paso del tiempo mejor que nadie? A continuación, te explicamos cómo el ADN de supercentenarios podría tener la clave para el futuro de la salud en nuestra vejez.
Se considera “centenario” a quien cumple 100 años, pero el término supercentenario se reserva para aquellos individuos, extremadamente raros, que logran vivir más de 110 años. Lo que ha llamado la atención de los científicos del Centro de Investigación del Genoma Humano y Células Madre (HUG-CELL) no es solo la cantidad de años vividos, sino la calidad de esos años.
El estudio ha constatado que muchos de estos individuos mantienen una lucidez mental envidiable y una autonomía física sorprendente hasta el final de sus días. A diferencia de la población general, donde el envejecimiento suele venir acompañado de múltiples enfermedades crónicas, los supercentenarios parecen tener un escudo invisible.
Si te interesa entender cómo cambia el cuerpo con los años más allá de la genética, puedes consultar nuestra guía sobre las teorías del envejecimiento, donde exploramos los procesos naturales del organismo.
Los investigadores, liderados por la reconocida genetista Mayana Zatz y el científico Mateus de Castro, han identificado que la longevidad extrema no es suerte, sino una sinergia compleja:
Uno de los hallazgos más impactantes del estudio, publicado en revistas de alto impacto como Genomic Psychiatry, está relacionado con la pandemia que sacudió al mundo en 2020. Los investigadores descubrieron algo fascinante: varios supercentenarios del estudio contrajeron COVID-19 antes de que existieran las vacunas y sobrevivieron con síntomas leves o incluso siendo asintomáticos.
Al analizar su sangre, descubrieron que estos ancianos poseían una cantidad inusual de células T CD4+ citotóxicas. En términos sencillos, su sistema inmune tenía “soldados de élite” listos para atacar al virus, una característica que raramente se ve incluso en adultos jóvenes.
Además, sus organismos mostraron una capacidad superior para la limpieza de proteínas dañadas (autofagia), un proceso vital para prevenir enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer. Esto explica por qué muchos mantienen su agudeza cognitiva por tanto tiempo. Para mantener la mente activa, te recomendamos revisar nuestras estrategias de estimulación cognitiva para adultos mayores.
¿Por qué es tan importante que este estudio se haga en Brasil y no en Europa? La respuesta está en la diversidad genética. Al igual que en México, la población brasileña es fruto de un intenso mestizaje entre raíces indígenas, africanas y europeas.
Históricamente, los grandes estudios genómicos se han centrado en poblaciones blancas (caucásicas) de Europa o Estados Unidos. Esto dejaba un “punto ciego” en la ciencia, ignorando posibles variantes genéticas protectoras exclusivas de poblaciones mestizas latinoamericanas.
“La falta de información sobre poblaciones mestizas podría estar ocultando variantes genéticas que facilitan un envejecimiento saludable”, señalan los investigadores de la USP.
El estudio priorizó familias donde la longevidad es la norma. Un caso destacado es el de una mujer de 109 años cuyas sobrinas ya han alcanzado los 100, 104 y 106 años. Esto confirma que la capacidad de vivir mucho tiempo tiene un fuerte componente hereditario: los hermanos de centenarios tienen entre 5 y 17 veces más probabilidades de llegar al siglo de vida.
Un dato curioso que resalta el estudio es que muchos de estos supercentenarios nacieron a principios del siglo XX, en zonas rurales y con acceso muy limitado a la medicina moderna durante gran parte de sus vidas.
No crecieron con antibióticos avanzados ni tecnologías de diagnóstico. Su supervivencia sugiere que sus sistemas inmunológicos (su defensa natural) son excepcionalmente robustos por naturaleza. Esto no significa que debamos ignorar la medicina actual, sino que el estudio de su biología podría ayudarnos a desarrollar fármacos que imiten sus defensas naturales.
Mantener una buena salud hoy en día es más fácil gracias al acceso a la información y servicios. Si buscas mejorar el bienestar diario de tu familiar, es fundamental cuidar su calidad de vida integral.
El objetivo final de mapear el ADN de supercentenarios no es solo entender por qué viven tanto, sino aplicar ese conocimiento para el resto de la población. Los científicos buscan identificar biomarcadores (señales en la sangre) que permitan:
La investigación continúa activa bajo la dirección de la Dra. Zatz, y se hace un llamado internacional para incluir más diversidad en los bancos de datos genéticos. Para América Latina, esto representa una esperanza de que los tratamientos del futuro estén diseñados considerando nuestra propia genética.
La historia de Inah Canabarro Lucas y los participantes del estudio de la USP nos enseña que la vejez no tiene por qué ser sinónimo de fragilidad. Aunque la genética juega un papel crucial que no podemos controlar, el estudio también destaca la importancia de la resiliencia y la adaptación.
Mientras la ciencia avanza para descifrar el código de la longevidad, lo mejor que puedes hacer hoy por ti o por tus familiares mayores es fomentar un estilo de vida saludable, mantenerse activos y aprovechar los avances médicos disponibles. Al final, cada día vivido con plenitud es un triunfo de la vida.
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