Envejecimiento activo como derecho: la iniciativa que llegó al Senado

Envejecimiento activo como derecho: la iniciativa que llegó al Senado

Reconocer el envejecimiento activo como derecho es el objetivo de una iniciativa que el grupo parlamentario del Partido del Trabajo presentó en el Senado de la República el 19 de junio de 2026. La propuesta plantea que la ley garantice a las personas mayores condiciones para llegar a la vejez con salud, autonomía, seguridad y participación plena en la vida social, y no solo asistencia cuando ya hay enfermedad o abandono.

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Qué propone exactamente la iniciativa

El proyecto reforma los artículos 3 y 5 de la Ley de los Derechos de las Personas Adultas Mayores y la Ley General de Salud. La idea central es inscribir, con todas sus letras, el derecho a un envejecimiento saludable y digno, con participación social. Eso obligaría a las autoridades a ampliar las oportunidades de salud, autonomía, seguridad, aprendizaje permanente, integración comunitaria y desarrollo pleno de la persona mayor.

En el terreno de la salud, la propuesta pide que el Sistema Nacional de Salud desarrolle programas para preservar las capacidades funcionales, cognitivas y psicoemocionales de los adultos mayores. Eso abarca servicios geriátricos y la detección oportuna del deterioro, en lugar de atender solo cuando la pérdida ya es grave. Firman las senadoras Geovanna Bañuelos de la Torre, Liz Sánchez, Ana Karen Hernández y Yeidckol Polevnsky, junto con el senador Alberto Anaya Gutiérrez.

Qué significa el envejecimiento activo

El término no lo inventó el Partido del Trabajo. La Organización Mundial de la Salud lo acuñó en 2002 para nombrar el proceso de optimizar la salud, la participación y la seguridad a fin de mejorar la calidad de vida conforme las personas envejecen. La palabra “activo” no se refiere solo a moverse o a seguir trabajando, sino a seguir tomando parte en la vida social, económica, cultural y cívica. Una persona de 80 años que opina, decide sobre su dinero, cuida a un nieto o participa en su colonia envejece de forma activa, aunque tenga limitaciones físicas. Para distinguir esta forma de llegar a la vejez de otras, sirve repasar la guía sobre los tipos de envejecimiento.

Qué cambiaría en la práctica

Una ley que reconozca este derecho empujaría a las instituciones a actuar antes de la crisis. En salud significaría revisiones geriátricas periódicas para detectar a tiempo la pérdida de fuerza, de memoria o de ánimo, y no esperar al primer infarto o a la primera caída grave. En lo social abriría la puerta a programas de aprendizaje a lo largo de la vida, a centros de día y a espacios donde las personas mayores sigan aportando su experiencia. La propuesta se inscribe en la Década del Envejecimiento Saludable 2021-2030 que impulsan la OMS y la ONU, un marco internacional que pide ciudades amigables con la edad, combate al edadismo y servicios de cuidado de largo plazo.

Parte del problema es cultural. El Informe mundial sobre el edadismo (OMS, 2021) calculó que una de cada dos personas en el mundo sostiene actitudes edadistas hacia las personas mayores, prejuicios que se cuelan en la atención médica, en el empleo y en el trato cotidiano. Una ley de envejecimiento activo no borra esos prejuicios de un día para otro, pero fija un estándar: la vejez no es una etapa para esconderse, sino para seguir decidiendo y participando.

Por qué la propuesta aparece ahora

Detrás de la iniciativa hay un cambio demográfico que avanza rápido. Según los datos citados en la propia propuesta, el índice de envejecimiento del país pasó de 12 personas mayores por cada 100 menores de 15 años en 1970 a 48 en 2020. La proyección oficial estima que para 2030 la población de 60 años o más rondará el 15% del total nacional. Y la vejez tiene rostro de mujer: 56% de las personas mayores en México son mujeres, que además viven más años y con pensiones menores.

Ese envejecimiento acelerado encontró a México con un sistema pensado para una población joven. Faltan geriatras, faltan servicios comunitarios y la mayor parte del cuidado recae en las familias, sobre todo en las hijas. El país forma muy pocos médicos especializados en la vejez frente al tamaño de su población mayor, y las residencias y los centros de día públicos escasean fuera de las grandes ciudades. La iniciativa parte de esa realidad: si la proporción de adultos mayores se va a duplicar, la ley tendría que dejar de tratarlos como un grupo a asistir y empezar a tratarlos como ciudadanos con derecho a una vida plena.

De la ley a la vida diaria

Conviene leer la noticia con calma. Por ahora es una iniciativa, no una ley vigente: la mesa directiva del Senado la turnó a las Comisiones Unidas de Bienestar, de Salud y de Estudios Legislativos, donde se analizará antes de cualquier votación. Muchas propuestas se quedan en ese paso. Aun si avanza, reconocer un derecho en el papel no garantiza presupuesto ni programas de inmediato.

Mientras tanto, los derechos que ya existen siguen en pie. La Ley de los Derechos de las Personas Adultas Mayores reconoce desde hace años el acceso a la salud, a la no discriminación y a una vida libre de violencia, y el INAPAM mantiene servicios de orientación, empleo y descuentos. Quien quiera conocer el alcance real de esas garantías puede consultar la guía sobre los derechos de los adultos mayores antes de que esta reforma se discuta.

El valor de la propuesta está en el cambio de enfoque. Pasar de “atender al anciano” a “garantizar una vejez activa” mueve la conversación de la lástima al derecho, justo cuando una de cada seis personas será mayor en pocos años. Para las familias mexicanas, el seguimiento conviene hacerlo en las comisiones del Senado durante los próximos meses, porque ahí, lejos de los reflectores, suelen morir o avanzar las propuestas. De ese trabajo dependerá si el envejecimiento activo como derecho se vuelve una obligación legal con presupuesto detrás o se queda, como tantas iniciativas anteriores, en un buen discurso sin consecuencias.

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