Zumbido en los oídos: una señal que conviene no ignorar

Zumbido en los oídos: una señal que conviene no ignorar

Ese pitido o silbido que aparece cuando hay silencio tiene nombre, tinnitus, y rara vez es solo una molestia pasajera. Especialistas de Penn State Health explican que el zumbido en los oídos suele ser una de las primeras señales de que la audición empezó a cambiar. Atenderlo a tiempo importa más de lo que parece, porque oír bien sostiene buena parte de la vida diaria.

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Qué avisa el zumbido

Dentro del oído hay unas células diminutas, las células ciliadas del oído interno, que convierten las ondas de sonido en señales que el cerebro entiende. Con los años, o por el ruido acumulado, esas células se dañan y dejan de transmitir bien. La audióloga Jackie Price, de Penn State Health, lo resume así: cuando alguien percibe un zumbido, lo prudente es buscar una evaluación auditiva, porque a veces la persona cree que oye bien y ya hay cambios en las frecuencias más altas.

Importa una aclaración. La información de Penn State Health es material de divulgación médica, no un estudio nuevo; las cifras que cita provienen de los Centros para el Control de Enfermedades de Estados Unidos. Aun así, el mensaje coincide con lo que sostienen los organismos de salud: el tinnitus merece una revisión, no resignación.

El zumbido tiene muchos orígenes. El más común a partir de cierta edad es el desgaste natural de la audición, pero también lo disparan la exposición a ruidos fuertes a lo largo de la vida, los tapones de cerumen, algunos medicamentos e incluso la presión alta. Proteger los oídos del ruido y dar descanso al oído son hábitos que frenan el avance, y dar con la causa exacta es parte de lo que resuelve una valoración con el especialista.

Un problema más común de lo que se cree

La pérdida de audición no es un destino raro. La Organización Mundial de la Salud estima que más del 25% de las personas mayores de 60 años vive con pérdida auditiva discapacitante, y en Estados Unidos los CDC reportan que cerca del 27% de los mayores de 65 tiene dificultad para oír. Es, a grandes rasgos, más de una de cada cuatro personas en esa edad.

Lo que está en juego va más allá del oído. Oír mal aísla: cuesta seguir una charla en la comida, se deja de contestar el teléfono, se evitan las reuniones. Y la audición sin atender se asocia con el deterioro de la mente. La comisión de la revista The Lancet sobre demencia la señaló en 2024 como el principal factor de riesgo modificable: atender la pérdida auditiva podría prevenir hasta el 7% de los casos de demencia en el mundo. Por eso mantener el cerebro activo con estimulación cognitiva ayuda, pero no sustituye revisar el oído.

El aparato auditivo carga todavía con un estigma injusto. Muchas personas lo posponen por vanidad o por miedo a verse mayores, cuando los modelos actuales son discretos y cambian la vida diaria. Oír de nuevo la voz de los nietos o seguir una conversación en un restaurante ruidoso pesa mucho más que el qué dirán. Y, según la evidencia de 2024, atender la audición a tiempo también protege la memoria.

Qué hacer ante el primer pitido

Ante un zumbido frecuente, conviene bajar el volumen de la televisión y el teléfono y pedir una audiometría, un examen sencillo e indoloro que mide qué tan bien se escuchan los distintos tonos. En el IMSS, el primer paso es la Unidad de Medicina Familiar, que deriva al servicio de audiología; quien no sabe qué unidad le corresponde puede ubicarla con esta guía sobre la clínica del IMSS que toca. Si el médico indica un aparato auditivo, postergarlo solo alarga el aislamiento.

La audiometría no duele ni toma mucho tiempo. La persona entra a una cabina silenciosa, escucha tonos a distintos volúmenes y avisa cuándo los percibe; con eso, el especialista dibuja un mapa de la audición y decide si hace falta un aparato o algún tratamiento. Es un trámite sencillo que muchas veces se posterga por años sin razón.

El acceso no depende solo del IMSS. Los sistemas DIF de varios estados realizan valoraciones auditivas y entregan auxiliares a quien los necesita, y la credencial del INAPAM, disponible desde los 60 años, abre descuentos en servicios de salud y audición. Preguntar en la clínica o en el módulo del INAPAM más cercano es el primer movimiento para no quedarse con la duda.

La clave está en no normalizar el síntoma. Muchos adultos mayores conviven con el zumbido durante años porque suponen que es parte de la edad y que no tiene remedio. A veces lo tiene, y aunque el tinnitus no siempre desaparezca, hay terapias de sonido y ajustes que lo vuelven más llevadero. Resignarse, en cambio, nunca es el tratamiento; preguntar siempre resulta mejor que aguantar en silencio.

Hay una distinción que vale la pena tener clara. El zumbido que avanza poco a poco es una señal para vigilar con calma. Pero una pérdida de audición o un zumbido que aparecen de repente y duran más de un día son urgencia médica: ahí la atención no espera. La diferencia entre actuar y dejarlo pasar puede ser la diferencia entre conservar la audición y perderla.

El costo de no atenderlo se paga en silencio. Quien oye mal contesta con evasivas, se ríe cuando no entendió el chiste, se aleja de las comidas familiares para no incomodar. Ese repliegue, poco a poco, se confunde con el carácter o con la edad, cuando muchas veces es solo un oído que dejó de transmitir bien y que un aparato podría devolver a la mesa.

Cuidar el oído también cuida la cabeza. Oír bien es lo que mantiene a una persona dentro de la conversación, en la música y en la sobremesa, y eso pesa tanto como cualquier examen. Para quien ronda los 65 años, un zumbido nuevo es una buena razón para pedir cita, no para subirle a la tele y seguir adelante.

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