Fraudes financieros a adultos mayores: ya no son el principal blanco, pero siguen siendo los que más pierden
Los fraudes financieros a adultos mayores cambiaron de cara en 2026: por primera vez en años, las personas de la tercera edad dejaron de ser el grupo donde más rápido crecen las estafas. Entre enero y mayo, la Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros (Condusef) registró 35,762 reclamaciones por posible fraude, casi 19% más que en el mismo periodo de 2025, y el mayor repunte se dio entre los jóvenes y los adultos en edad productiva, no entre los mayores de 60. Aun así, ese giro esconde una trampa: por número de casos, los adultos mayores siguen siendo la franja más castigada.
Quiénes son ahora el blanco que más crece
El cambio que reporta la Condusef está en el ritmo de crecimiento. Las reclamaciones de personas de 50 a 59 años marcaron el mayor salto, con 25%; les siguen quienes tienen entre 40 y 49 años, con 22%, y los jóvenes de 18 a 29 años, con cerca de 20%. En contraste, el grupo de 60 a 69 años creció 17%, por debajo del resto. Por eso varios medios titularon que los adultos mayores “ya no son el principal blanco” del fraude. El propio presidente de la Condusef, Óscar Rosado Jiménez, ha ubicado el problema entre la población en edad de trabajar.
El grueso de las quejas sigue en la banca tradicional. De las 35,762 reclamaciones del periodo, 34,325 correspondieron a la banca múltiple, es decir, 96 de cada 100 casos; el resto se reparte entre las Sociedades Financieras Populares (874 expedientes) y las de Objeto Múltiple (563). En promedio, las autoridades recibieron 237 quejas diarias, según los datos difundidos por la Condusef. Buena parte llega por el canal digital: las quejas por fraudes en banca por internet y aplicaciones móviles crecieron 11.4% en 2026, y las reclamaciones contra Sofipos y Sofomes subieron cerca de 49% frente al año anterior.
Por qué los adultos mayores siguen siendo el grupo más golpeado
Que las personas de la tercera edad hayan perdido el primer lugar en crecimiento no significa que estén a salvo. En proporción, quienes tienen 60 años o más todavía concentran cerca del 32% de las quejas por posible fraude, la franja más alta de todo el padrón. La diferencia es de ritmo, no de tamaño: crecen menos rápido porque ya partían de una base muy alta. Un solo banco ilustra el problema: de alrededor de 112 mil reclamaciones registradas en Santander, poco más de 30 mil correspondieron a personas de la tercera edad, según datos que la Condusef citó en abril de 2026. Y cada caso suele implicar montos más altos y ahorros de toda una vida, porque las estafas migran hacia donde hay menos costumbre de revisar movimientos.
Los tres fraudes financieros a adultos mayores más frecuentes
La Condusef ubica tres modalidades que golpean con más fuerza a este grupo. La primera son los cargos y consumos no reconocidos: compras o retiros que la persona nunca hizo y que aparecen en el estado de cuenta. Es la queja número uno entre los mayores de 60.
La segunda es el fraude por teléfono, conocido como ingeniería social. Suele empezar con llamadas repetidas que se cortan al contestar, con alertas falsas de “una compra no reconocida” o con supuestas ofertas de crédito preaprobado. El objetivo siempre es el mismo: que la persona entregue su NIP, su contraseña o los datos de su tarjeta creyendo que habla con el banco.
La tercera ocurre en cajeros automáticos y, sobre todo, en el entorno cercano. Aquí entran el cambio de la tarjeta por una falsa, el uso indebido de productos financieros por parte de empleados deshonestos y, con más frecuencia de la que se piensa, el manejo de la cuenta por cuidadores, hijos, sobrinos o nietos sin permiso del titular.
Cómo proteger las cuentas y el dinero
La defensa más efectiva no es técnica, sino de hábito. Ninguna institución seria pide el NIP, la contraseña o el código de seguridad por teléfono, mensaje o correo. Ante una llamada que exige esos datos o que presiona con urgencia, lo más seguro es colgar y volver a marcar directamente al número impreso al reverso de la tarjeta.
Vigilar los movimientos de forma seguida ayuda a detectar a tiempo un cargo extraño. Quien cobra su pensión en una tarjeta del Bienestar puede seguir sus depósitos y consumos sin salir de casa; en esta guía para checar el saldo por internet está el paso a paso. Conviene además desconfiar de los mensajes que se hacen pasar por programas oficiales: apoyos como la Pensión del Bienestar nunca se gestionan pidiendo dinero por adelantado ni claves por WhatsApp.
En familia, el blindaje pasa por hablar del tema sin pena. Acordar que nadie del entorno pedirá claves “para ayudar”, nombrar a una persona de confianza para mirar juntos el estado de cuenta y mantener las contraseñas fuera del alcance de terceros reduce el riesgo del fraude que viene de adentro, que es el más difícil de denunciar.
Qué hacer si el fraude ya ocurrió
Cuando aparece un cargo no reconocido, el tiempo corre a favor de quien actúa rápido. El primer paso es reportarlo al banco para que bloquee la tarjeta y abra una aclaración. Si la respuesta no llega o no convence, la persona afectada puede presentar una queja ante la Condusef, que funciona como árbitro entre el usuario y la institución financiera y puede ordenar la devolución cuando hay responsabilidad del banco.
La reclamación se puede iniciar en línea o en los módulos de atención, y conviene conservar comprobantes, estados de cuenta y cualquier mensaje sospechoso, porque son la prueba del caso. La propia Condusef difunde guías de prevención y atiende dudas en su portal oficial y en su línea telefónica gratuita.
El mensaje de la Condusef para 2026 tiene dos caras: el fraude ya golpea a todas las edades y crece más rápido entre los jóvenes, pero los adultos mayores siguen perdiendo dinero en una proporción que ningún otro grupo iguala. Detectar un cargo raro a tiempo, no soltar claves por teléfono y reclamar dentro de los plazos del banco son las tres acciones que, hoy, separan recuperar el dinero de perderlo.
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