Ley del Sistema de Cuidados en CDMX: qué cambia para quien cuida a un adulto mayor

Ley del Sistema de Cuidados en CDMX: qué cambia para quien cuida a un adulto mayor

El Congreso de la Ciudad de México aprobó por unanimidad, con 64 votos, la Ley del Sistema de Cuidados, una norma que por primera vez reconoce como un derecho el hecho de cuidar, ser cuidado y cuidarse a uno mismo. La decisión, tomada el 26 de mayo de 2026 a partir de una iniciativa de la jefa de Gobierno Clara Brugada y ocho propuestas de distintas bancadas, sienta las bases de un sistema público que busca aliviar la carga de millones de familias que hoy atienden en casa a una persona mayor, a un niño pequeño o a alguien con discapacidad.

Detrás de la ley hay un dato que explica su urgencia: cerca del 30% de la economía de la capital depende del trabajo de cuidado, y alrededor del 90% de ese trabajo no recibe pago alguno. Recae, casi siempre, sobre mujeres de la familia. Para la comunidad de adultos mayores y sus hijos, la pregunta concreta es qué cambia en el día a día. Esto es lo que la norma promete y lo que todavía falta para que se sienta en la práctica.

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Qué reconoce la nueva ley

El corazón de la norma es un cambio de mirada: cuidar deja de ser un favor invisible y pasa a ser un derecho humano y una responsabilidad compartida entre el Estado, las familias, las comunidades y el sector privado. La nueva norma reconoce de forma explícita el trabajo de las personas que atienden a niños, a adultos mayores y a personas con discapacidad, y pone sobre la mesa el valor económico de esa labor que hasta ahora no aparecía en ninguna cuenta. Así lo detalló el Congreso de la Ciudad de México al anunciar la aprobación.

Ese reconocimiento no es solo simbólico. La ley plantea mecanismos para redistribuir la carga de manera más pareja entre hombres y mujeres, y abre la puerta a que se reconozcan derechos laborales de quienes cuidan. Para una hija que dejó su empleo para atender a su madre, o para un cuidador que trabaja sin contrato ni descanso, el que la ciudad nombre y valore esa tarea es el primer paso para exigir apoyos.

Los servicios que contempla

La parte más tangible de la norma es la creación de servicios públicos de cuidado. La ley ordena poner en marcha estancias para niños de 0 a 6 años, unidades de rehabilitación para personas con discapacidad y, lo que más toca a esta comunidad, espacios de atención diurna para personas adultas mayores. Se trata de lugares donde una persona mayor puede pasar el día acompañada, con actividades y cuidado, mientras su familia trabaja, algo parecido a lo que hoy ofrecen las casas de día privadas pero con vocación pública.

Para las familias que hoy no pueden pagar un cuidador de tiempo completo ni un asilo, y que tampoco quieren dejar sola a la persona mayor, estos centros diurnos serían un respiro real. Mientras el sistema público se construye, quienes ya buscan este tipo de apoyo pueden orientarse con la información de canitas sobre cuidadores de adultos mayores y sobre las opciones de residencias y casas de día en la Ciudad de México.

Quién coordinará el sistema y con qué dinero

La ley crea dos estructuras para que el sistema no quede en buenas intenciones: una Junta del Sistema de Cuidados, que reúne a distintas dependencias, y una Secretaría Ejecutiva encargada de coordinar la operación. Además, ordena que el presupuesto para estos servicios se refleje cada año en un anexo específico del Presupuesto de Egresos de la ciudad, de modo que haya recursos etiquetados y no dependan de la voluntad del momento.

Ese punto, el del dinero, es también el más delicado. Las propias colectivas que empujaron la ley durante años advirtieron que su valor dependerá de que se le asigne presupuesto suficiente, y no se quede en el papel. La ley marca el rumbo, pero la magnitud de los centros diurnos y de los apoyos concretos dependerá de cuánto se invierta cada año.

Cuándo se va a notar

Conviene templar las expectativas en cuanto a los tiempos. Según los cálculos que se dieron a conocer en el propio Congreso, la aplicación plena del sistema podría tardar hasta año y medio, porque exige crear las nuevas estructuras, definir reglas de operación y construir o habilitar los espacios. No es un beneficio que aparezca de un día para otro en la esquina de casa.

Eso no le resta importancia. Se trata de la primera ley de su tipo en la capital y de un modelo que otras entidades observan, en un país donde el envejecimiento avanza rápido y donde el peso del cuidado sigue cayendo sobre las familias sin ninguna red detrás. Marcar por ley que cuidar es un derecho, y que el Estado comparte esa responsabilidad, cambia el punto de partida de futuras discusiones sobre presupuesto y servicios.

Qué puede hacer una familia mientras tanto

Mientras el sistema público arranca, las familias que cuidan a una persona mayor no tienen que esperar de brazos cruzados. Vale la pena repartir la tarea entre varios integrantes en lugar de cargar a uno solo, buscar los apoyos que ya existen a través del INAPAM y de los programas locales, y atender también la salud de quien cuida, porque el desgaste del cuidador es un problema de salud real y frecuente. Llevar registro de los gastos y las horas dedicadas al cuidado tampoco sobra, pensando en los apoyos que el nuevo sistema vaya definiendo. Y conviene mantenerse al tanto de los avisos del gobierno capitalino, porque los primeros servicios se anunciarán por esos canales conforme se abran.

La Ley del Sistema de Cuidados no resuelve de golpe la vida de quien atiende a un adulto mayor, pero cambia algo de fondo: pone el cuidado en el centro de las cuentas de la ciudad y obliga a las autoridades a construir respuestas. Para una comunidad que envejece, esa es una semilla que conviene seguir de cerca en los próximos meses, cuando se defina el presupuesto y se abran los primeros centros de atención diurna.

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