Células inmunes en supercentenarios: quienes pasan de 110 años tienen 17.6% de un linfocito poco común
En la sangre de las personas japonesas de 110 años o más, un tipo poco común de defensa llamado linfocito T CD4 citotóxico ocupa 17.6% de todas sus células T, contra 4% en quienes tienen entre 70 y 99 años. La cifra viene de un análisis célula por célula de la sangre de 28 personas mayores japonesas, publicado el 19 de agosto de 2026 en la revista Cell Reports por el equipo de Kosuke Hashimoto, de la Universidad de Osaka. El trabajo pone a las células inmunes en supercentenarios en un lugar distinto al que la biología del envejecimiento suele darles: en esas edades el sistema de defensa no solo se desgasta, también se reordena.
Qué hace un linfocito T CD4 citotóxico
El sistema inmune reparte oficios. Los linfocitos T CD8 son los ejecutores: reconocen una célula infectada o tumoral y la destruyen. Los CD4 suelen ser los coordinadores: identifican la amenaza y dan la orden para que otras células actúen. Los CD4 citotóxicos, abreviados CD4 CTL, hacen las dos cosas a la vez, y en la mayoría de las personas adultas son una minoría dentro del total de linfocitos T.
Eso es lo que vuelve llamativa la proporción medida en Japón. En el grupo de 70 a 99 años, la mediana fue de 4% de las células T. Entre las personas centenarias, de 100 a 109 años, la mediana llegó a 9.6%. Y en el grupo de 110 años en adelante, a 17.6%. El aumento no fue gradual desde la juventud: según el estudio, la expansión arranca alrededor de los 100 años.
Las tres cifras que midió el equipo de Osaka
| Grupo de edad | CD4 citotóxicos (mediana, % de células T) |
|---|---|
| 70 a 99 años | 4% |
| 100 a 109 años (personas centenarias) | 9.6% |
| 110 años y más (supercentenarias) | 17.6% |
Detrás de esos porcentajes hay un detalle que a los autores les pareció más informativo que el volumen: esas células no eran variadas, sino copias de unos pocos linfocitos que se multiplicaron mucho. El clon más abundante representaba en promedio 33.3% del total de CD4 citotóxicos de cada persona, y en una de las participantes centenarias un solo clon llegó a 53.8%. Un patrón así aparece cuando una misma señal se repite durante años, no cuando el sistema responde a algo pasajero.
El otro dato que llamó la atención del equipo fue el estado de esas células. Habían perdido las marcas CD27 y CD28, un rasgo asociado a linfocitos muy usados, pero sin las señales del agotamiento que suele acompañar a ese desgaste. “El envejecimiento inmunitario no es simplemente un proceso de declive”, resumió Hashimoto en el comunicado de la Universidad de Osaka. Además, las secuencias de reconocimiento de los clones dominantes coincidían con las de linfocitos que se expanden dentro de tumores, sobre todo de pulmón, aunque ninguna de las personas supercentenarias tenía antecedente de cáncer.
Lo que el estudio de células inmunes en supercentenarios no demuestra
Los propios autores marcaron el límite. El trabajo no prueba que esos linfocitos alarguen la vida ni que hayan evitado un cáncer en esas personas: describe una asociación en un grupo muy pequeño y muy particular. La medición se hizo solo en sangre circulante, no en tejidos, y los blancos exactos que reconocen esas células siguen sin conocerse. Tampoco hay aquí un tratamiento, un suplemento ni una prueba de laboratorio que alguien pueda pedir en una consulta: la investigación describe un fenómeno biológico y abre una hipótesis para estudiarlo en tejidos.
Hay otra cautela que rara vez se menciona en la cobertura de estos hallazgos. Las 28 personas del estudio llegaron a los 100 o 110 años en buen estado, así que representan un extremo de la población japonesa, no a las personas mayores en general. Lo que se observa en ellas puede ser causa de su longevidad, consecuencia de haber vivido tanto tiempo con infecciones crónicas comunes, o las dos cosas.
Cuántas personas de 100 años viven en México
El censo mexicano permite dimensionar de qué población se habla. De acuerdo con el Censo de Población y Vivienda 2020 del INEGI, en el país vivían 18,295 personas de 100 años y más: 11,651 mujeres y 6,644 hombres, o sea casi dos mujeres por cada hombre. En el mismo censo, las personas de 60 años y más sumaban 15.1 millones.
La cifra de personas centenarias no ha crecido con la esperanza de vida. Un análisis de los censos de 2000, 2010 y 2020 publicado por Ramos Montalvo Vargas y Cerón Grajales en la revista Contraste Regional (2022) documenta un descenso continuo: 19,757 personas centenarias en 2000, 18,475 en 2010 y 18,295 en 2020. Los autores lo llaman la paradoja de la longevidad mexicana y encuentran las proporciones más altas por cada mil habitantes en Guerrero, Oaxaca, Veracruz y Chiapas, estados que no destacan por su gasto en salud. México, en pocas palabras, todavía no produce supercentenarios en cantidad.
Por qué las defensas se debilitan con la edad
Lo que el hallazgo japonés matiza es un consenso viejo: el de la inmunosenescencia, el nombre técnico del deterioro del sistema inmune con la edad. La revisión de Fu y colaboradores publicada en Signal Transduction and Targeted Therapy (2025) la describe como una doble falla: por un lado el organismo mantiene una inflamación de bajo grado permanente, y por el otro responde peor a lo nuevo, sea un virus desconocido o una vacuna. De ahí que a los 75 años una gripe complique más que a los 40 y que las vacunas generen menos anticuerpos.
El trabajo de Osaka no contradice eso. Sugiere que, encima del declive general, en las edades extremas ocurre una reorganización: unas pocas líneas de defensa se especializan y se expanden. Si esa reorganización protege o solo acompaña a la longevidad es la pregunta que sigue abierta.
Lo que sí sostiene la evidencia para el sistema inmune
Mientras tanto, hay tres intervenciones con respaldo firme y sin nada de experimental:
- Vacunación cada temporada. La ficha de la OMS sobre gripe estacional, actualizada el 28 de febrero de 2025, recomienda vacunación anual contra la influenza a partir de los 65 años y advierte algo que suele malinterpretarse: en personas mayores la vacuna es menos eficaz para impedir el contagio, pero reduce la gravedad, las complicaciones y la muerte. En México, la vacuna contra la influenza se aplica en la temporada invernal y el esquema para 60 años en adelante suma neumococo y el refuerzo de tétanos y difteria, como se detalla en la guía de vacunas para personas mayores en México.
- Movimiento con fuerza y equilibrio. Las Directrices de la OMS sobre actividad física y comportamientos sedentarios (2020) piden a las personas de 65 años y más entre 150 y 300 minutos semanales de actividad moderada, trabajo de fortalecimiento muscular dos o más días por semana y actividades de equilibrio funcional tres o más días. La parte del equilibrio es la que suele quedarse fuera de las rutinas y la que sostiene la actividad física en la vejez cuando aparece el miedo a caer.
- Dormir lo suficiente, sobre todo alrededor de la vacuna. El metaanálisis de Spiegel y colaboradores publicado en Current Biology (2023) encontró que dormir menos de seis horas en los días cercanos a la vacunación, medido con instrumentos y no por lo que la persona recuerda, se asoció con una respuesta de anticuerpos más baja. Cuántas horas necesita dormir una persona mayor es una discusión aparte, pero la noche previa y la posterior a la vacuna tienen ahí un argumento concreto.
Ninguna de las tres promete llegar a los 110 años. Lo que hacen es actuar sobre la parte del sistema inmune que sí responde a decisiones cotidianas, que es distinta de la que el equipo de Osaka observó en la sangre de sus participantes.
Para quien tiene 70 u 80 años en México, el hallazgo japonés no cambia nada esta semana: es investigación básica, con 28 personas, y su continuación tendrá que hacerse en tejidos. Lo que sí tiene fecha en el calendario es la campaña de vacunación invernal, que en las últimas temporadas ha arrancado en octubre y aplica sus vacunas sin costo en las unidades del sector público. Y para quien quiera leer la fuente completa, el artículo se titula “CD4 CTLs in supercentenarians: Signs of adaptive expansion in healthy aging” y está disponible con su identificador digital en Cell Reports.
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