México 2040: uno de cada cinco mexicanos tendrá 60 años o más
En México 2040 las personas de 60 años o más representarán el 19.37% de la población, casi uno de cada cinco habitantes, según las proyecciones de población del Consejo Nacional de Población (Conapo). La cifra ordena el país al revés de como estaba en 1990, cuando los niños de 0 a 11 años eran casi un tercio de la población y quienes habían cumplido 60 apenas el 6.38%. Para 2040 esos niños serán el 14.72% y los adultos mayores casi triplicarán su proporción. El cambio no es una hipótesis lejana: son quince años.
El mapa del envejecimiento en 2040
El proceso no avanza al mismo ritmo en todo el territorio. La Ciudad de México tendrá la población más envejecida del país, con 27.13% de sus habitantes en el rango de 60 años o más. Le seguirán Veracruz con 23.2%, Morelos con 21.8%, Colima con 21.7% y Tamaulipas con 21%. Las cinco quedarán por encima del promedio nacional.
En el extremo contrario estarán Chiapas, Quintana Roo, Puebla, Baja California Sur y Michoacán, con proporciones que oscilarán entre 13.4% y 17.3%. Esa distancia de casi catorce puntos entre la entidad más envejecida y la menos envejecida marca dónde se concentrará la presión sobre los servicios médicos y las residencias.
Víctor Manuel García Guerrero, investigador de El Colegio de México y quien desde 2010 apoya al Conapo en las estimaciones oficiales de población, advierte que el envejecimiento mexicano es profundamente desigual. En algunas entidades la población mayor crece porque la esperanza de vida sube; en otras regiones el territorio se está quedando, en sus palabras, «con puros adultos mayores» por la expulsión de población joven, ya sea por migración o por la violencia asociada al crimen organizado. Ese contraste con la foto actual queda claro al revisar los rasgos de esta etapa de la vida y cómo se distribuyen hoy.
La capital envejece más rápido que el resto
El caso de la Ciudad de México muestra la velocidad del cambio. En 1990 solo el 7.56% de sus habitantes tenía 60 años o más, un nivel cercano al promedio nacional de entonces. Para 2025 esa proporción ya casi se había triplicado, hasta 17.88%, y en 2040 rebasará a una de cada cuatro personas.
La estructura por edades lo dice mejor. En 1990 los niños de 0 a 11 años eran el segundo grupo más numeroso de la capital, con 25.21% de la población. Para 2040 habrán caído a 9.1%, menos de la mitad. Mientras tanto, la población total de la ciudad prácticamente no crecerá en ese periodo: pasará de 8.48 a 8.6 millones de habitantes. La capital no suma adultos mayores porque crezca, sino porque envejece.
Dos variables explican el fenómeno. La primera es una fecundidad que cayó antes y más pronunciadamente que en el resto del país; García Guerrero apunta que la tasa global de fecundidad de la capital es «muy similar a la de Italia», con alcaldías muy por debajo del nivel de reemplazo. La segunda es la esperanza de vida: en 1990 era de 71.07 años a nivel nacional, en 2025 llegó a 75.67 y las proyecciones la sitúan en 78.46 años para 2040.
El dato que más pesa: 0.4% del PIB en cuidados
Ese es el número que separa el diagnóstico demográfico de la vida cotidiana de una familia. De acuerdo con la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), México destina apenas el 0.4% de su Producto Interno Bruto a los cuidados de largo plazo, mientras que el promedio de los países miembros es de 1.8%. El país invierte poco más de una quinta parte de lo que dedican, en promedio, las economías desarrolladas a atender las necesidades del envejecimiento.
La consecuencia se ve en las casas. María Fernanda Carrillo Vega, investigadora del Instituto Nacional de Geriatría, advierte que los cuidados de largo plazo recaen hoy casi por completo en las familias, y sobre todo en mujeres cuidadoras que muchas veces son ellas mismas personas mayores. Consolidar un sistema de cuidados es, en sus palabras, «urgente».
Mientras ese sistema no exista, la carga se resuelve de manera privada: una hija que reduce su jornada, una esposa de 70 años que atiende a un marido de 78, o una residencia pagada del bolsillo familiar. Quien esté valorando esa última opción encuentra el panorama de costos y requisitos en la guía sobre asilos para ancianos gratuitos y en las alternativas por entidad.
Un sistema de salud pensado para otra población
El envejecimiento cambia también lo que el sistema médico tiene que atender. Las enfermedades crónicas, como la diabetes, la hipertensión, el cáncer y el deterioro cognitivo, ganan peso frente a los padecimientos agudos que dominaban cuando la población era joven.
María Elena Álvarez Cervantes, geriatra con alta especialidad en envejecimiento cognitivo y demencias, señala que persisten «muchas áreas de oportunidad» en prevención primaria y secundaria, y que el país arrastra un déficit de fármacos, médicos y servicios especializados. Sus tres propuestas son concretas: un plan nacional de demencias que sirva de modelo para otras enfermedades crónicas, evitar que los pacientes lleguen a fases descontroladas, y reforzar la atención primaria con más especialistas en Geriatría y Medicina Interna.
El costo de no hacerlo es acumulativo. Un paciente que llega tarde pierde funcionalidad y encarece su propia atención, de modo que el ahorro de hoy se convierte en gasto mayor mañana.
Todavía hay margen, pero se está usando
Conviene no leer estas cifras como una catástrofe inminente. Según las proyecciones de García Guerrero, cerca del 60% de la población mexicana seguirá en edad laboral hasta el año 2070, así que el país continuará siendo relativamente joven durante varias décadas. La brecha entre nacimientos y defunciones se viene cerrando desde 1960, y las defunciones superarían a los nacimientos alrededor de 2055, el punto en que, dice el investigador, «ya podemos empezar a hablar de un proceso de envejecimiento avanzado».
Lo que sí cambia desde ahora es la naturaleza del gasto. La inversión en la niñez es acotada y de recuperación rápida; la que exigen las personas mayores es más prolongada y más costosa. Ese giro presupuestal ocurre aunque nadie tome una decisión, simplemente porque la pirámide poblacional se voltea.
Hoy el andamiaje descansa en tres piezas: la Pensión del Bienestar para adultos mayores, universal desde los 65 años; los servicios de salud pública; y el INAPAM con su credencial de descuentos. Ninguna de las tres resuelve la atención de larga duración, que es justo el hueco que las proyecciones a 2040 vuelven imposible de aplazar.
Qué significa para una familia hoy
Quince años parecen mucho, pero una persona que hoy tiene 50 años tendrá 65 en 2040, y quien hoy tiene 60 llegará a esa fecha con 75. Las decisiones que hoy se ven lejanas, como acumular semanas cotizadas, revisar la afiliación a servicios de salud o conversar en familia quién acompañaría a quién, se toman en este periodo y no en aquel.
El dato del 0.4% del PIB es, en el fondo, una advertencia práctica: mientras el Estado no cierre esa distancia, la planeación del cuidado seguirá siendo un asunto familiar. Anticiparlo con tiempo, y en frío, resulta bastante más barato que resolverlo en medio de una urgencia médica.
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