Calcio y vitamina D: una revisión de 69 ensayos no halla beneficio contra las fracturas en personas mayores
La suplementación de rutina con calcio y vitamina D ofrece poco o ningún beneficio clínicamente relevante para prevenir fracturas y caídas en la mayoría de las personas mayores. Así lo concluye una revisión sistemática con metanálisis publicada en The BMJ el 20 de mayo de 2026, que reunió 69 ensayos clínicos aleatorizados y 153,902 participantes. La frase de los autores fue directa: los hallazgos no respaldan la suplementación rutinaria con calcio o vitamina D, ni la combinación de ambos, para prevenir fracturas y caídas.
El análisis lo encabeza Olivier Massé, farmacéutico del CIUSSS du Nord-de-l’Île-de-Montréal (la red pública de salud del norte de la isla de Montreal, en Quebec, Canadá), acompañado por colegas de la Université de Montréal y del McGill University Health Centre. El trabajo apareció en el volumen 393 de The BMJ, con el identificador DOI 10.1136/bmj-2025-088050, y cerró pidiendo algo poco habitual: que los médicos, los paneles que redactan las guías clínicas y las agencias regulatorias reevalúen sus recomendaciones generales sobre estos suplementos a la luz de la evidencia actual.
Qué midió la revisión y qué encontró en cada escenario
Los autores no juntaron todo en una sola bolsa. Separaron tres situaciones distintas y calificaron por separado qué tanto conviene confiar en cada resultado:
- Calcio solo. 11 ensayos con 9,067 participantes. Poco o ningún efecto sobre las fracturas, con certeza moderada de la evidencia.
- Vitamina D sola. 36 ensayos con 92,045 participantes. Poco o ningún efecto, con certeza alta.
- Los dos juntos. 15 ensayos con 51,126 participantes. Poco o ningún efecto ni sobre fracturas ni sobre caídas, con certeza alta.
El matiz fino está en la combinación de ambos suplementos, la única que mostró reducciones estadísticamente detectables: un riesgo relativo de 0.91 para cualquier fractura (intervalo de confianza del 95% de 0.84 a 0.99), de 0.84 para fractura de cadera (de 0.74 a 0.96) y de 0.92 para caídas (de 0.84 a 1.00). Antes de correr los números, el equipo había fijado qué tan grande debía ser una reducción para llamarla clínicamente relevante: al menos 0.7% en fractura de cadera, 2% en fracturas en general y 3% en caídas. Ninguno de los resultados observados alcanzó esos umbrales. El efecto existe en la estadística, pero resulta demasiado pequeño para notarse en la vida de una persona.
Lo que la revisión no dice, y pesa tanto como el hallazgo
Ningún dato de este trabajo justifica suspender por cuenta propia algo que un médico indicó. Los propios autores advierten que sus resultados pueden no aplicarse a personas con trastornos óseos específicos ni a quienes reciben tratamiento farmacológico para la osteoporosis. Y reconocen que la evidencia sobre los grupos de mayor riesgo sigue siendo limitada: personas con deficiencia de vitamina D, con fracturas previas o que viven en residencias. Sobre ellas piden expresamente nuevos ensayos, porque hoy no hay material suficiente para concluir nada.
La distinción coincide con la que hace la Organización Mundial de la Salud (OMS) en su ficha informativa sobre caídas, donde los suplementos de vitamina D aparecen recomendados para un grupo muy concreto, el de las personas con deficiencia, y no para toda la población mayor de 60 años. La misma ficha recuerda la dimensión del problema: cada año mueren en el mundo unas 684 000 personas por caídas y ocurren 37,3 millones de caídas que requieren atención médica, con los mayores de 60 años como el grupo que sufre más caídas mortales.
Quien tenga osteoporosis diagnosticada, deficiencia comprobada en laboratorio, antecedente de fractura, alto riesgo de caída o tratamientos que afectan el hueso (corticoides, algunos antiepilépticos, terapias hormonales para cáncer) queda fuera del escenario que midió la revisión. En esos casos el suplemento no funciona como medida general de salud pública, sino como parte de un tratamiento. Cambiarlo es una decisión caso por caso, con laboratorio, dieta, antecedentes y medicación sobre la mesa, en la cita con el médico tratante.
Suplementar por rutina y tratar una deficiencia son cosas distintas
Ahí está el corazón del asunto. Suplementar por rutina significa tomar una pastilla a diario sin haber medido nada, con la idea general de que le hace bien a los huesos. Ese es exactamente el escenario que los 69 ensayos analizados no logran respaldar. Tratar una deficiencia es otra cosa: hay una medición de por medio, un valor por debajo del rango normal, una dosis calibrada para ese valor y un control posterior que comprueba si el número se corrigió.
La diferencia práctica importa por dos razones. La primera es que el exceso tiene costo. El límite superior tolerable de calcio para mayores de 50 años es de 2,000 mg al día sumando dieta y suplemento, y el de vitamina D es de 4,000 UI diarias, según las tablas de referencia que difunde MedlinePlus, el servicio de información al público de la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos. La segunda razón es de oportunidad: cada peso y cada minuto que se van en una pastilla sin efecto son recursos que dejan de destinarse a lo que sí funciona.
Cómo se detecta una deficiencia de vitamina D
El estudio se llama 25-hidroxivitamina D y en las órdenes de laboratorio también aparece como 25-OH vitamina D, calcidiol o hidroxicolecalciferol. Se hace con una muestra de sangre tomada de una vena del brazo y el procedimiento dura menos de cinco minutos. Mide la forma en que la vitamina circula por el cuerpo, que no es ni la que se ingiere ni la que actúa directamente en el hueso, y por eso es el marcador que usan los médicos para decidir.
Los rangos de referencia varían un poco entre laboratorios, advertencia que viene en el propio material de MedlinePlus. Los valores que ahí se citan como normales van de 20 a 40 ng/mL (60 a 100 nmol/L) en una referencia y de 30 a 50 ng/mL (75 a 125 nmol/L) en otra, así que el resultado se interpreta siempre contra el rango impreso en la hoja del laboratorio que hizo el análisis. Un valor por debajo de ese rango apunta a insuficiencia o deficiencia; uno muy por encima, a un exceso que también daña. La prueba se indica sobre todo ante osteoporosis, dolor óseo, debilidad muscular, poca exposición al sol, enfermedad renal o hepática y problemas de absorción intestinal.
Lo que sí reduce las caídas y las fracturas
El editorial que The BMJ publicó junto a la revisión pide mover el esfuerzo hacia intervenciones con beneficio demostrado. La lista no es un misterio y cada pieza tiene cifras detrás.
Ejercicio de fuerza y equilibrio. Es la medida con la evidencia más firme. Una revisión Cochrane de 108 ensayos y 23,407 participantes, con edad media de 76 años, encontró que el ejercicio reduce la tasa de caídas en 23% (razón de tasas de 0.77, intervalo de confianza del 95% de 0.71 a 0.83), con certeza alta. Los programas de equilibrio y entrenamiento funcional rinden una reducción de 24%, y los que mezclan varios tipos, sobre todo equilibrio y trabajo funcional con fuerza, alcanzan 34%. El taichí aparece con 19%, aunque con certeza baja. La guía de ejercicios para adultos mayores de Canitas describe rutinas de ese tipo para hacer en casa.
Quitar los riesgos de la casa. Otra revisión Cochrane, con 22 estudios y 8,463 personas de 78 años en promedio, midió qué ocurre cuando alguien capacitado inspecciona la vivienda y corrige lo que estorba: tapetes sueltos, iluminación pobre, ausencia de barras de apoyo en el baño. La tasa de caídas cae 26% en la población general (0.74, de 0.61 a 0.91) y 38% entre quienes ya cargan un riesgo alto, con certeza alta (0.62, de 0.56 a 0.70). En personas sin factores de riesgo la medida no mostró efecto, señal de que el beneficio se concentra donde el peligro es real.
Revisar los medicamentos que dan mareo. La OMS enumera entre las medidas eficaces la reducción o el retiro de los psicótropos, la familia de fármacos para dormir, para la ansiedad y para la depresión que altera el equilibrio y el tiempo de reacción. Anotar en una hoja todo lo que se toma, incluidos los productos de venta libre, y presentarla en la siguiente cita médica es un ejercicio de diez minutos con efecto medible.
Valorar la vista. La OMS ubica los problemas visuales entre los factores de riesgo de caída y los incorpora a la evaluación multifactorial que recomienda. Conviene decir con precisión qué muestra la evidencia: estudiada de forma aislada, la corrección visual arrojó poca o ninguna diferencia sobre las caídas, con certeza baja, en la misma revisión Cochrane sobre el entorno. La valoración oftalmológica pertenece al paquete de prevención, pero cambiar de lentes no es por sí solo un escudo contra las fracturas.
Proteína suficiente. El grupo PROT-AGE, convocado por la European Union Geriatric Medicine Society (la sociedad europea de medicina geriátrica), recomienda para mayores de 65 años un consumo diario de 1.0 a 1.2 g de proteína por kilogramo de peso corporal, y de 1.2 a 1.5 g por kilo cuando hay enfermedad aguda o crónica. Para una persona de 70 kilos, esa banda equivale a entre 70 y 84 gramos de proteína al día. Quienes hacen ejercicio con regularidad necesitan al menos 1.2 g por kilo. La excepción son las personas con enfermedad renal grave que no están en diálisis, a quienes el médico suele limitar la proteína. La tabla de requerimientos nutricionales para adultos mayores ayuda a traducir esas cifras a porciones de comida.
Dónde están el calcio y la vitamina D en la mesa mexicana
Las cantidades de referencia son claras. Entre los 51 y los 70 años, los hombres necesitan 1,000 mg de calcio al día y las mujeres 1,200 mg; a partir de los 70 años, 1,200 mg para ambos. De vitamina D, la recomendación diaria es de 600 UI (15 mcg) hasta los 70 años y de 800 UI (20 mcg) después.
Con productos de cualquier mercado o supermercado del país esas metas se alcanzan sin pastillas. Un vaso de leche de 240 mL aporta cerca de 300 mg de calcio, la misma cantidad que 45 gramos de queso o que un yogur de 170 gramos. Una lata de sardinas de 85 gramos, con las espinas comidas junto con el pescado, suma 325 mg. Un cuarto de taza de almendras aporta 100 mg. Con tres de esas porciones repartidas en el día, la meta queda prácticamente cubierta.
Con la vitamina D el asunto es distinto, porque los alimentos que la contienen son pocos. Los pescados grasos encabezan la lista, en particular el atún, el salmón y la macarela, seguidos por la yema de huevo, el hígado de res, el queso y los hongos expuestos a luz ultravioleta. La leche fortificada aporta alrededor de 400 UI por litro. El resto lo fabrica la piel con unos minutos de sol directo, algo que rinde menos con la edad, con la piel más oscura y en días nublados. La guía de nutrición en el adulto mayor detalla cómo armar un menú con esos ingredientes.
Para quien tiene años tomando una pastilla con el desayuno, la lectura correcta de esta revisión no es tirar el frasco a la basura esta misma mañana. Es llevar el frasco a la próxima cita médica y plantear tres preguntas concretas: por qué se indicó, si existe una medición de laboratorio que lo justifique y qué pasaría si el suplemento se sustituye por comida y ejercicio. En quien no tiene osteoporosis, ni deficiencia medida, ni fracturas previas, la evidencia apunta a que la respuesta está más en la caminata de la mañana y en la sardina del almuerzo que en el frasco. En quien sí las tiene, la pastilla sigue siendo tratamiento, y un tratamiento se retira solo con quien lo indicó. Los datos originales están abiertos a cualquiera en la revisión completa publicada en The BMJ.
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